Solo uno de cada diez cumple sus propósitos de Año Nuevo

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Al finalizar el año, las personas evalúan sus diferentes momentos y situaciones y se motivan a redoblar esfuerzos, compromisos y nuevos retos, pero solo una de cada diez logra ese empeño, que se magnifica en ocasiones y marca momentos de frustración para quienes no los cumplen.

Galu, organismo nacional que realiza evaluaciones permanentes de carácter social establece que el mexicano mantiene esta costumbre en el ejercicio, incidentalmente al final de año, marcando propósitos, estimulando sus posturas ante hechos o momentos cruciales o críticos, pero la falta de disciplina, obligan a que muchas de estas metas se pospongan.

Al ofrecer una evaluación sobre los propósitos de fin de año, este organismo encuestador destaca que, 9 de cada 10 personas que marcan metas y se prometen tareas y responsabilidades, normalmente no las cumplen, no las logran o simplemente no las superan.

“El próximo año dejo de fumar”, “a partir de enero bajaré de peso”; “cuando terminen las fiestas de navidad, voy a ahorrar”, resultan ser algunos, de los muchos propósitos que se anuncian y se establecen como metas efectivas a cumplir y que en ocasiones se pierden a la segunda o tercera actividad cumplida, sin tener un efecto reflexivo de cumplimiento.

Según indica esta encuesta, muchos de estos propósitos y propuestas son únicamente tareas vacías que no se alcanzan por falta de una corresponsabilidad establecida de las personas.

“Para el año que viene me propongo…”, marca, según esta agencia que refleja problemas sociales, un estereotipo que las personas nos obligamos a establecer, pero olvidamos cumplir.

Sobre este tema, la terapeuta y trabajadora social, Yendrid Rodríguez Escalante, profesional de la Universidad Autónoma de Yucatán, destacó que muchas personas no alcanzan sus metas y objetivos trazados debido que no se plantean temas concretos, metas específicas y retos a cumplir de manera exigente.
Son metas vagas, sin definir un tiempo para lograrlo, ni el proceso o método específico para medir sus avances o retrocesos, especifica.

“Evaluamos las cosas sin tiempos específicos, en ocasiones de manera ritualista; a fin de año, cuando sucede algo extraordinario o a partir de una crisis que nos afecta. Normalmente no cumplen debido a su falta de corresponsabilidad con sus proyectos”, explicó.

Está claro que, muchas personas no logran ser autosuficientes y libremente exigentes consigo mismos, anteponen prioridades y exigencias aun sobre sus intereses y metas establecidas muchas veces por falta de una responsabilidad exigida consigo mismos, argumenta.

Rodríguez Escalante suscribe que, para lograr ciertas metas es preciso tener objetivos específicos, definidos y concretos, establecidos y acotados y evaluarlos de manera rigurosa.
“Que no quede duda acerca de qué exactamente quiere lograr la persona; además deben ser medibles, porque es la única manera de saber su avance”, dijo.

Iniciar las tareas con un sistema, es decir, “bajaré cinco kilos para….”, estableciendo que, hará ejercicio durante tanto días a la semana, con una rutina establecida, acompañada de mecanismos de soporte y puntualización en la autocrítica sobre sus momentos más comprometidos para impulsarse nuevamente si es necesario, explicó.