Alerta en México: bacterias sin control

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A mediados de marzo de este año la noticia sobre un hombre británico infectado con lo que los médicos llamaron “supergonorrea” dio vuelta al mundo. La enfermedad de transmisión sexual, causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae, no respondía por primera vez a los antibióticos tradicionales usados para combatir este padecimiento (una mezcla de las sustancias azitromicina y ceftriaxona). El asunto generó alarma en el Reino Unido y, unas semanas después, una alta funcionaria de los servicios de salud salió a tranquilizar a la población para informar que habían logrado salvar al paciente luego de varios intentos con otros medicamentos.

Pero el caso, han dicho varios expertos, representa solo la punta de un iceberg profundo que urge atender. Una amenaza a la salud pública en la que todos somos igualmente vulnerables: las “superbacterias” o bacterias resistentes a los antibióticos, un fenómeno que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), reviste alta prioridad y emergencia para todas las naciones. Infecciones alguna vez tratables de forma relativamente sencilla hoy presentan cambios y complicaciones que prolongan las estancias hospitalarias, incrementan los costos médicos y aumentan la mortalidad. En 2014 la OMS dio a conocer un primer informe sobre resistencia bacteriana basado en datos de 114 países, que advirtió sobre diversos agentes infecciosos y destacó la resistencia a antibióticos (incluso a aquellos que se utilizan como último recurso) en siete bacterias responsables de infecciones comunes graves, como la septicemia, la diarrea, la neumonía, las infecciones urinarias y la gonorrea. La entidad señaló en esa ocasión que asistimos a una “era posantibióticos” en que lesiones menores que han sido curables durante decenios volverán a ser “potencialmente mortales” y mencionó, también, la obligación de cambiar la forma de producir, prescribir y utilizar estos medicamentos.

Las bacterias resistentes son aquellas que en un principio eran sensibles al efecto de un activo antibacteriano y ahora ya no lo son. Estos microorganismos se convirtieron en resistentes debido a alguna mutación en sus genes, o por haber adquirido esos genes de resistencia de otra bacteria. Aunque se trata de un proceso natural, el uso de antibióticos indiscriminado (tanto en humanos como en animales) ha acelerado este proceso. Y es que, cuando se usan este tipo de fármacos, las sustancias no solo actúan en las bacterias causantes del padecimiento a tratar, sino que afectan a otras presentes en el cuerpo que son también sensibles a ellos, lo que promueve una “selección” que a su vez permite que proliferen las bacterias resistentes. Esto aumenta el riesgo de que el paciente contraiga más infecciones resistentes en el futuro y, al mismo tiempo, se incrementa el riesgo también a escala poblacional, ya que las bacterias resistentes se transmiten entre personas o través de los alimentos o el agua.

Dada la emergencia mencionada por las conclusiones de aquel primer informe, la OMS puso en marcha, en octubre de 2015, el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos (GLASS, por sus siglas en inglés). Este enero se dieron a conocer los últimos datos disponibles que mostraron presencia generalizada de resistencia a los antibióticos en muestras de 500,000 personas de 22 países en las que se sospechaban infecciones bacterianas.

De acuerdo con el reporte, las bacterias resistentes más frecuentes eran Escherichia coli (que provoca infecciones de las vías urinarias), Klebsiella pneumoniae (un microbio intestinal causa importante de contagios nosocomiales), Streptococcus pneumoniae (que produce infecciones respiratorias), Salmonella spp (conocida por transmitirse a través de los alimentos) y Staphylococcus aureus (relacionado con infecciones de la piel y los tejidos blandos). La OMS calcula, por ejemplo, que las personas infectadas por esta última bacteria resistente a la meticilina (el antibiótico que se utilizaba habitualmente contra ella), tienen una probabilidad de morir 64 por ciento mayor que las infectadas por cepas no resistentes.

Alarma en hospitales mexicanos

“Sí estamos ante un escenario de ‘apocalipsis antibiótico’”, confirma el médico infectólogo Alejandro Macías, investigador del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y encargado del área de microbiología y enfermedades infecciosas del Departamento de Medicina y Nutrición de la Universidad de Guanajuato. “Y todos somos vulnerables, porque todos podemos tener infecciones comunes y corrientes que ya se han vuelto muy difíciles de tratar, o tener un accidente que nos haga visitar un hospital, estar en terapia intensiva o sufrir alguna complicación. Antes podíamos salir bien librados con un antibiótico, sin embargo, puede ser que ahora los médicos se vean imposibilitados de tratarnos porque en muchas ocasiones no hay opciones apropiadas.

“En la consulta externa ya no tenemos opciones de antibióticos de primera línea para infecciones habituales como las urinarias que antes se trataban con cualquiera de estos fármacos —agrega Macías, quien también se desempeñó como comisionado nacional para la Prevención y Control de la Influenza en 2009—. Ahora tenemos que usar antibióticos que son más caros, o más tóxicos, o que por ejemplo no se toman y se deben inyectar. A veces incluso hay que hospitalizar al paciente para poner el antibiótico por la vía intravenosa y esto tiene también implicación en los costos”.

Macías menciona que las bacterias resistentes mencionadas en el GLASS también son las más frecuentes en México. “Fuera de los hospitales, la Escherichia coli, el Staphylococcus aureus y el Streptococcus pneumoniae, que causa neumonías y meningitis. Dentro de los hospitales, el Streptococcus pneumoniae también se ha convertido en más resistente. Otra bacteria que se ha vuelto ‘famosa’, la Pseudomona aeroginosa (un patógeno oportunista muy asociado con infecciones nosocomiales que puede causar epidemias), la Acinetobacter baumannii, microorganismo implicado en diversos tipos de infecciones, la mayoría de ellas nosocomiales, como septicemias, neumonías, del tracto urinario, meningitis. La Klebsiella pneumoniae y especialmente la Clostridium difficile están causando ahora infecciones muy serias en los hospitales de México.”

Esta última bacteria está asociada con el uso prolongado de antibióticos de amplio espectro, y puede causar desde enfermedades gastrointestinales hasta colitis seudomembranosa, una afección que pone en peligro la vida. “Se ha hecho muy resistente y el problema se está derramando en la comunidad —revela el especialista—. Produce esporas en el ambiente y enferma no solo a esa persona internada que toma el antibiótico, sino a otros pacientes que días después se hospitalicen en la misma área o incluso al personal del hospital, y esto está siendo también un problema por el uso inadecuado del antibiótico dentro de los hospitales”.

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