Madre acusada de quemar a sus hijos con agua hirviendo y permitir que su marido los viole

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El 16 de julio pasado por la tarde, según la denuncia en su contra, Pamela V. tomó por la fuerza el brazo de su hija de 9 años y le enseñó la diferencia entre el frío y el calor a través del sufrimiento.

Le reprochó que el mate que le había cebado estaba frío, que ni siquiera un mate sabía hacer. Así, la mujer de 32 años tomó la pava y volcó.

El agua claramente no estaba fría. Le provocó a su hija una quemadura de segundo grado en la mano izquierda que le dejó la piel pelada a vivo, como si fuese una naranja para un postre.

Esto ocurrió en la casilla derrumbada que Pamela, madre de ocho, compartía con su hija de 9, su hijo de 4, y su pareja, Edgardo M., en la zona de Ingeniero Allan, partido de Florencio Varela jurisdicción de Quilmes, bajo un techo asegurado con cubiertas.

Los chicos, con otro apellido, son de una relación anterior. Poco después, la madre de Pamela, que está a cargo de cuidar a sus ocho nietos, formuló una denuncia en su contra en una comisaría de la zona. No solo por la quemadura, sino por otras cosas.

“El marido de mi hija toca a los chicos”, aseguró. Se refería, especialmente, a sus nietos de 9 y 4 años que vivían junto a Pamela.

La causa recayó en la UFI N°8 de la jurisdicción Quilmes a cargo del fiscal Alejandro Ruggeri, especializado en investigar delitos sexuales. Ambos chicos declararon en cámara Gesell: ambos refirieron haber sufrido los abusos, según fuentes de la causa a Infobae.

El menor de 4 años vive con un retraso madurativo. Su abuela fue clave para entender lo que el chico expresaba. La hija de nueve años de Pamela habló de un abuso con un acceso carnal de forma explícita.

La Cámara Gesell fue determinante, pero los exámenes físicos fueron más lapidarios todavía.En el cuerpo del chico se detectaron lesiones en su zona íntima que no solo son indicativas de abusos: el fiscal Ruggeri busca determinar si esas lesiones son, según su sospecha, producto de una enfermedad de transmisión sexual.

Los abusos ocurrieron no en Ingeniero Allan, sino en otra casilla donde Pamela y su pareja vivían en la zona de Bosques, en el mismo partido. Se cree que los ataques comenzaron al menos en diciembre de 2019 y se extendieron hasta fines de marzo, en momentos en que Edgardo se quedaba solo con los menores en la casa.

Así, Pamela fue acusada de los delitos de abandono de persona y corrupción de menores; Edgardo enfrenta las calificaciones de abuso sexual agravado en concurso real con abuso gravemente ultrajante.

Ambos serán indagados mañana, con los resguardos necesarios por la pandemia. Se podrá determinar, por ejemplo, si existió un elemento de asimetría, de labilidad en Pamela, que Edgardo podría haber aprovechado para atacar a los chicos. El expediente, sin embargo, no se mueve en este sentido.

Por otra parte, es altamente probable que la mujer dé a luz a su noveno hijo durante su detención, si el juzgado de garantías del caso se decide a no excarcelarla por el delito de permitir que su pareja viole a sus dos hijos: está embarazada.

El mes pasado, la jueza Alejandra Provitola procesó a un changarín de la Villa 31 de 52 años en un expediente cargado de detalles de barbarie, los delitos de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante, agravado por la convivencia, por la condición de ascendencia, ser un familiar de su víctima, el responsable de su guarda, ataques cometidos bajo amenazas y coerción.

Las víctimas, para la Justicia, fueron cuatro: su hijastra, dos de sus nietos y un sobrino con el que convivió tras dejar la casa de su ex pareja. Su hijastra tenía 12 al momento de sus ataques; sus nietos, 9 y 5.