Lucha de poder en PEMEX, ORO no sabe ni que hacer.

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Pemex recibió de este último 11 mil millones de pesos para pagar a los proveedores de materiales para la construcción de Dos Bocas, pero a Romero se le hizo fácil gastarlos en pagar adeudos a otros proveedores.

En los 83 años de vida de Petróleos Mexicanos, han desfilado por la dirección de la paraestatal 22 directores.

Por esta compañía “orgullo y fortaleza de México” han pasado geólogos, militares, abogados, un contador, algunos ingenieros químicos, varios economistas y un ingeniero agrónomo.

Pemex ha vivido y padecido todos los estilos de gestión en la dirección general, desde quienes pensaban que la petrolera era el motor de la economía mexicana hasta los que se sirvieran de ella.

Pero no habíamos visto uno que delegara casi por completo la operación de la empresa a uno de sus subordinados, como es el caso de Octavio Romero Oropeza.

Durante casi toda la historia de Pemex siempre se dio una disputa entre el director en turno y los secretarios de Hacienda o Energía, según el sexenio.

Todo por el control de los recursos de la venta del petróleo y la administración de la deuda pública de la compañía.

No obstante, nunca como en la 4T se había observado que la petrolera tuviera de facto dos directores: uno ocupado de la producción, Romero, y otra de la refinación, como es el caso de la secretaria de Energía, Rocío Nahle.

La actual dirección de Pemex tiene tres rasgos muy peculiares: la soledad, el enfrentamiento con sus pares y el sometimiento al Presidente.

Tal vez sabedor de que es uno de los hombres más cercanos a Andrés Manuel López Obrador, Romero se toma muchas libertades nunca vistas en el pasado por un director.

La antítesis de lo que vemos hoy en Pemex es lo que se vivió durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

En el gobierno del ‘innombrable’ había un debate muy intenso entre dos bandos que discutían el futuro de Pemex.

En uno estaban Pedro Aspe, Ernesto Zedillo, Jaime Serra y José María Córdoba Montoya, y en el otro Francisco Rojas, Arsenio Farell Cubillas, Fernando Gutiérrez Barrios y Fernando Hiriart.

Hoy lo que vemos desde Pemex es un director sin proyecto, un gerente obedeciendo a su jefe y delegando todo en su subordinado, Marcos Herrería, director de Administración y Servicios, y en Alberto Velázquez, director de Finanzas.

Pero lo más escandaloso es el abierto enfrentamiento con la secretaria de Energía; con el secretario de Hacienda, Arturo Herrera; con el director de la CFE, Manuel Bartlett; con el coordinador de asesores de Presidencia, Lázaro Cárdenas Batel, y hasta con Andrés López Beltrán, el hijo del Presidente.

En las últimos meses han trascendido los choques de Romero con sus compañeros de gabinete.

Por ejemplo, con Nahle no termina de ponerse de acuerdo para reconfigurar las refinerías de Tula y Cadereyta, los proyectos de las nuevas refinerías modulares y ni qué decir de la de Dos Bocas.

En un pleito que Romero tuvo con Bartlett el año pasado para fijar precios del combustóleo que Pemex vende a CFE, tuvo que intervenir López Obrador y fijar el precio él mismo, para que la sangre no llegara al río.

Y el último gran round del director de Pemex se dio con la secretaria de Energía y con el secretario de Hacienda.

Ocurre que Pemex recibió de este último 11 mil millones de pesos para pagar a los proveedores de materiales para la construcción de Dos Bocas, pero a Romero se le hizo fácil gastarlos en pagar adeudos a otros proveedore