Conoce lo sucedido con el Alemán

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El 8 de abril de 2018, mi amigo Carlos “N” (a quien conocemos como “El Pollo” entre los reporteros locales) viajó a las bahías de Huatulco (Oaxaca, México) junto a otros compañeros de prensa para descansar y divertirse durante ese fin de semana. En dichas playas conoció al ciclista polaco Krzysztof Chmielewsk, quien le pidió un cigarro a Carlos. Platicando, el turista europeo le contó al Pollo que tenía pensado visitar Chiapas, por lo cual mi colega le dio su número telefónico al ciclista para que éste lo contactara al llegar a Chiapas.

Una semana después, el 16 de abril, Krzysztof Chmielewsk llegó a la capital chiapaneca. Durmió en la casa de “El Pollo” esa noche y al día siguiente (17 de abril) el polaco ofreció una conferencia de prensa en Tuxtla Gutiérrez por la mañana; después, partió hacia San Cristóbal de Las Casas. El día 19 de abril, Krzysztof Chmielewsk publicó en su cuenta de Facebook diversas fotografías que se tomó en San Cristobal y algunas otras que se había tomado en Tuxtla Gutiérrez dos días atrás.

Es necesario precisar que el teléfono celular que usaba el ciclista polaco no tenía chip (tarjeta SIM) y tampoco tenía instalada la aplicación llamada Whats App, por lo cual usaba solamente Facebook para dar a conocer su travesía y se conectaba a Internet únicamente en puntos donde hubiera redes abiertas de Wi Fi.
Después de esa fecha, Krzysztof Chmielewsk no volvió a comunicarse con “El Pollo” ni a publicar en su cuenta de Facebook. Mucho después, el 29 de abril, se reportó la desaparición del ciclista alemán Holger Franz Hagenbusch, quien también fue visto por última vez en San Cristóbal de las Casas. Ese mismo día (29 de abril) se dio a conocer en medios informativos locales que tres días antes (la noche del 26 de abril) había sido localizado en la carretera de San Cristóbal a Ocosingo el cadáver de un ciclista. La noticia tuvo poca difusión, pero se mencionaban tres aspectos esenciales:
1.- El cuerpo CASUALMENTE no llevaba ninguna identificación que permitiera conocer su identidad.
2.- La cámara Go Pro que llevaba esa bicicleta al frente desapareció MISTERIOSAMENTE para no dejar evidencia de los lugares donde pasó el ciclista.
3.- El cadáver estaba en estado de putrefacción, lo cual resultaba MUY CONVENIENTE para dejar la duda sobre si era el alemán o el polaco.

Mi colega Carlos “N” se comunicó vía telefónica en varias ocasiones a la Fiscalía General del Estado para saber si se trataba de su amigo Krzysztof Chmielewsk, pero le contestaron que era imposible afirmar eso debido a las condiciones del hallazgo. Por tal motivo, le pidieron que se trasladara físicamente a Ocosingo, con la finalidad de identificar las pertenencias del polaco. En mi calidad de abogado, “El Pollo” me pidió que lo acompañara a esa diligencia ante el ministerio público, a lo cual accedí gustoso y sin cobrar honorarios. Salimos de Tuxtla Gutiérrez a las 10:30, transbordamos en San Cristóbal y ahí nos enteramos de que unas horas antes había sido secuestrada (en la carretera) la hija del presidente municipal de Oxchuc, un pueblo ubicado en el camino de San Cristóbal a Ocosingo. Cuando pasamos en taxi sobre ese tramo, había varios individuos con el rostro cubierto que revisaban visualmente cada vehículo que pasaba frente a ellos. Nos observaron durante algunos segundos y después nos autorizaron el paso sin hacernos preguntas.

Llegamos a las 14:26 a la Fiscalía Regional de la Zona Selva, en Ocosingo. Ahí nos recibió el fiscal Pablo Liévano, quien de entrada nos aseguró que la muerte del ciclista encontrado en el barranco había sido un accidente y no había forma de comprobar lo contrario. Posteriormente, le preguntó a “El Pollo” sobre su relación con Krzysztof Chmielewsk y la última vez que tuvo contacto con él. Carlos contó la forma en que lo conoció y el tiempo que convivió con él, tras lo cual hizo un recuento de las fechas y las horas en que intercambió mensajes con el polaco.

Con la información que Carlos obtuvo previamente en San Cristóbal de las Casas, determinamos que el polaco Krzysztof Chmielewsk y el alemán Holger Franz Hagenbusch se conocieron en esa ciudad en algún momento y decidieron ir juntos hacia Palenque, ya que ambos eran ciclistas, pedaleando sus respectivos vehículos. Le planteamos dicha conjetura al fiscal, quien la escuchó sin disentir. Solamente insistió en que el caso del cuerpo encontrado se trataba de un accidente y que seguramente el ciclista que encontraron muerto había resbalado hacia el precipicio tras ser golpeado por algún tráiler en la curva del kilómetro 158.

El personal de la fiscalía nos preguntó si éramos expertos en bicicletas, a lo que respondimos en sentido negativo. Entonces, nos mostraron aproximadamente cuarenta fotografías impresas en donde se podía apreciar el lugar donde fue localizado el cadáver desconocido, así como los detalles de la necropsia. Al observar minuciosamente dichas imágenes, apreciamos los siguientes detalles:

1.- El cuerpo encontrado NO tenía cabeza, solamente se podían apreciar algunos pequeños trozos de huesos pertenecientes a la nuca. Dice la autoridad que el cráneo se despedazó durante la caída, a pesar de que el resto del cuerpo estaba sin lesiones.

2.- Al cadáver mencionado le faltaba un pie, mismo que parecía haber sido cercenado de tajo. Dice el fiscal que tal vez se lo comió algún puma, con todo y huesos.

3.- La piel de la espalda presentaba huellas de haber sido quemada, posiblemente por los rayos del sol durante el tiempo que el cuerpo estuvo a la intemperie. Dice la fiscalía que es algo totalmente normal a pesar de la ropa y que se descartan quemaduras intencionales con fuego o brasas.

4.- Dado que el cadáver estaba engusanado y la piel ya se veía descompuesta, no podía apreciarse ningún tatuaje en los brazos del occiso, lo cual era una característica distintiva de Holger Franz Hagenbusch. Por su parte, Krzysztof Chmielewsk no tenía tatuaje alguno en las extremidades superiores. Dice la autoridad que eso es una prueba concluyente de que el cadáver encontrado no es del alemán.

5.- A pesar de que el barranco (ubicado en el paraje denominado “La ventana”, donde presuntamente fue localizado el cuerpo) tiene una profundidad de cincuenta metros, el cadáver no presentaba ninguna fractura del cuello hacia abajo. No se apreciaba ningún hueso quebrado, a pesar de que lo más lógico en una caída de esa altura es quebrarse una o más extremidades. Dice la autoridad que soy muy intrigoso, que me gusta despertar suspicacias innecesarias.

6.- Aunque el cuerpo (de acuerdo con la versión de la fiscalía) cayó libremente a ese barranco, no tuvo estallamiento de vísceras. Sus órganos internos estaban en perfecto estado de conservación. Dice la autoridad que así pasa cuando sucede, pues los designios del Señor son misteriosos e inexplicables.

7.- A pesar de que el fiscal asegura que fue algún animal carroñero el que se comió el pie faltante del cadáver, dicho animal rechazó comer los intestinos y el hígado del difunto. Dice la fiscalía que los depredadores son muy selectivos con su alimentación: si ellos prefieren comer un pie huesudo en lugar masticar órganos fácilmente digeribles, no tengo derecho a cuestionar sus elecciones gastronómicas, por absurdas que parezcan.

8.- De manera extraña e incomprensible, los documentos personales del difunto “desaparecieron”. No encontraron su pasaporte, ni su visa, ni alguna credencial que lo identificara, mucho menos su billetera o algún rastro de dinero. Dice el fiscal que no estaban y punto.

9.- La bicicleta encontrada junto al cadáver que al parecer es de Krzysztof Chmielewsk no pertenece al polaco, sino a Holger Franz Hagenbusch. Dice la autoridad que tal vez intercambiaron bicicletas en el trayecto de San Cristóbal a Ocosingo.

10.- Las botas que portaba el polaco nunca fueron encontradas. Dice la fiscalía que tal vez las regaló en San Cristóbal, a pesar de que estaban casi nuevas.
11.- El “side-car” o remolque usado por el polaco en Huatulco y en Tuxtla estaba cerca del cuerpo hallado en el barranco, a pesar de que la bicicleta encontrada en el lugar de los hechos no era la que se acoplaba a dicho accesorio. Dice el fiscal que probablemente los viajeros le adaptaron el aditamento de una bicicleta a la otra.

Basados en los once puntos anteriores, lanzamos una andanada de cuestionamientos a Pablo Liévano, quien no supo qué responder. Sólo nos dijo que el hermano del alemán desaparecido ya estaba volando en esos momentos de Alemania a la Ciudad de México y acudiría el día lunes 7 de mayo a esa misma oficina; por ese motivo, no era necesario que nosotros siguiéramos pidiéndole datos de la investigación a Rainer . De igual manera, afirmó que la familia del polaco Krzysztof Chmielewsk es de escasos recursos y no puede viajar a nuestro país; en consecuencia, la fiscalía se limitaría a rendir el informe correspondiente a la embajada de Polonia en México. Luego, ordenó a su empleado Daniel Zúñiga que nos llevara a la bodega donde resguardan los objetos que forman parte de las investigaciones. Fuimos conducidos en compañía de otras tres personas a la azotea, donde tienen las cosas que fueron recogidas en la escena del hallazgo. Ahí procedí a preguntarle a Carlos “N” sobre los artefactos que teníamos a la vista:
– Señor Carlos, ¿identifica usted esta bandera de Polonia?
– Sí, la llevaba Krzysztof cuando salió de Tuxtla. Y también llevaba otra, de México, junto a un bastón que tenía grabado su nombre.
En ese momento, el perito forense que participó en el levantamiento la noche del 26 de abril levantó del piso la bandera de México y el bastón mencionado por Carlos “N”. “El Pollo” asintió y seguí preguntando:
– Muy bien. ¿Identifica usted este montón de placas de automóvil?
– Por supuesto, son las que mencioné allá abajo. Krzysztof las coleccionaba, llevaba una por cada país que visitó.

Todo encajaba, era obvio que estábamos ante las cosas de Krzysztof Chmielewsk. Esas pertenencias coincidían con las que “El Pollo” había visto en su casa de Tuxtla, cuando le brindó alojamiento al polaco. No hacía falta más evidencia, pero decidí hacer una tercera pregunta para finalizar:
– De acuerdo, Pollo. Entonces, ¿identificas también ese zapato gris que está ahí tirado, junto a las demás cosas?
– No. Ese zapato no es de él, porque Krzysztof usaba unas botas altas. Seguramente es de otra investigación, no creo que lo hayan encontrado en el lugar donde estaba el cadáver.

El perito forense nos miró sorprendidos, abrió los ojos y la boca estupefacto, levantó ese zapato deportivo del suelo y lo acercó a nosotros. Sin titubear, afirmó que sí: efectivamente, ese zapato fue encontrado junto al supuesto cuerpo del polaco Krzysztof Chmielewsk. Carlos sacó su celular, buscó la publicación en Facebook donde se denunciaba la desaparición de Holger Franz Hagenbusch y abrió la imagen del alemán. Al observar sus pies, nos quedamos petrificados: el zapato gris que teníamos en nuestras manos era el mismo que portaba Holger Franz Hagenbusch en esa fotografía, en el pie derecho. Bajé corriendo hasta donde se encontraba Pablo Liévano y le comuniqué nuestro descubrimiento, por lo cual se levantó de su asiento como impulsado por un resorte y se dirigió al perito, quien venía detrás de mí con “El Pollo”.

El fiscal le preguntó a su subalterno:
– ¿Ese zapato es del alemán?
– Sí, jefe.
– ¿Y lo tenemos guardado desde el 26 de abril?
– Afirmativo.
– ¿Y no habían visto que Holger lo tiene puesto en la foto que mandó su hermano la semana pasada?
– No.

– ¿Por qué no me lo mostraron antes?
– Pues en las fotos del levantamiento se ve que está ahí tirado, pero nadie le tomó importancia. También lo mencionamos en el inventario de objetos resguardados.
Pablo Liévano sonrió, nos dijo que seguramente el cadáver del alemán estaba en el mismo barranco, más abajo, y que solicitaría el apoyo de un equipo especializado en rappel.

Dichos escaladores, afirmó, podrían encontrar el cadáver del alemán y la bicicleta del polaco. Acto seguido, nos indicó que iría al kilómetro 158 de la carretera, con la finalidad de observar de nueva cuenta el barranco donde encontraron al que parece ser Krzysztof Chmielewsk. Ordenó a una subordinada que le tomara su declaración ministerial a Carlos y subimos a la oficina para tal efecto. Después de casi dos horas, concluimos la diligencia procesal y salimos al pasillo para esperar el regreso del fiscal. Ahí conversamos con varias personas que llegaron a presentar una denuncia por violencia intrafamiliar, quienes nos platicaron lo que pensaban sobre el caso de los dos ciclistas europeos.
– ¿Qué opinan sobre el caso de los ciclistas desaparecidos?

– Está muy raro, no es común que haya accidentes ahí. Todos circulan despacio, por las curvas. Y más, cuando van de subida.
– ¿Piensan que alguien pudo arrollarlos intencionalmente?
– Lo dudo. ¿Para qué? No tenían enemigos. Iban de paso, ni conocían a la gente de acá.

-Entonces, ¿creen que fueron atropellados accidentalmente por algún tráiler, al girar sobre la curva?
– No, es muy difícil. Aparte, ahí casi no circulan vehículos pesados por lo mismo: saben que es una carretera muy angosta. Sería más probable que el tráiler se fuera al barranco…

Después de eso, platiqué con una empleada de la fiscalía y le expliqué mi teoría sobre el caso: ambos turistas fueron asaltados para quitarles su dinero, las pertenencias de valor que pudieran llevar (como las cámaras Go Pro que ambos portaban) y las bicicletas, valuadas cada una en más de doscientos mil pesos.
– Esto fue un homicidio, licenciada. Los mataron para robarles y después los tiraron, no tengo duda de ello.
– Y tampoco tienes pruebas de ello.
– Las fotografías que obran en la carpeta de investigación corresponden a la hipótesis que estoy planteando, ahí se ve claramente que el cuerpo está sin cabeza y con los órganos digestivos en buen estado.

– Pero no tendrás copias del expediente porque no eres familiar del occiso. Además, si empiezas a decir que a esos ciclistas los mataron los indígenas para robarles y luego se demuestra que así fue, vas a ocasionar que el turismo se aleje de Chiapas. ¿Qué ganarías con eso? Tú sabes muy bien que mucha gente vive de los turistas que vienen a nuestro estado.
Me quedé callado y regresé junto a Carlos “N”. Junto a otro reportero, decidimos emprender el camino de vuelta a Tuxtla Gutiérrez, haciendo una breve escala en San Cristóbal para cenar.

En el camino, nos llegó por Whats App el comunicado en video que mandó Pablo Liévano, donde se adjudicaba el descubrimiento del zapato gris de Holger Franz Hagenbusch y su bicicleta en el mismo lugar donde encontraron el cuerpo de Krzysztof. Además, insistía en su versión del accidente vial. Solamente nos reímos ante esa información, que muchos periodistas tomaron como un “dogma de fe” y propagaron sin cuestionar la veracidad de lo afirmado por el fiscal. Eso es muy común en Chiapas, casi nadie hace periodismo de investigación y muy pocos nos atrevemos a cuestionar las mentiras de las autoridades.

Al llegar a San Cristóbal de Las Casas, nos estacionamos frente a un puesto de hot-dogs y un taxista nos preguntó si íbamos para Ocosingo. Le respondí que no, que de allá veníamos porque estábamos investigando el caso de los dos ciclistas extranjeros desaparecidos. De manera inesperada, el chofer nos contó que él los había visto en la carretera. Mientras “El Pollo” cenaba y el otro reportero nos observaba, interrogué al taxista:
– ¿Crees que esos ciclistas fueron atropellados accidentalmente cuando se dirigían a Ocosingo?

– No, no creo. La gente se hubiera dado cuenta al momento y los hubieran encontrado ese mismo día. Los encontraron a la semana, no creo que un carro los haya empujado al barranco. Pero sólo encontraron a uno, el otro sigue desaparecido. ¿O no?
– Tienes razón, camarada. Entonces, ¿piensas que pudieron haberse caído solitos, por falta de precaución al pedalear en la oscuridad de la noche?
– ¡Ja ja ja ja ja ja! ¿Cuál noche? ¡Ja ja ja ja ja ja ja! Eran como las nueve de la mañana cuando los rebasé en la carretera… ¡Ja ja ja ja ja!

– ¿Cómo? ¿Tú los viste? ¿De día?
– Sí, los pasé temprano. Había bastante sol, no pudo pasar eso que dices de la oscuridad, era de día cuando agarraron camino.

– No lo puedo creer, eso echa por tierra la explicación del fiscal… Entonces, tú que los viste, puedes decirnos si iban muy pegados para caer juntos al barranco. Yo supongo que tal vez iban a una distancia de veinte metros uno del otro… ¿Puedes confirmar esto?
– ¿Qué? ¿Veinte metros? ¡Ja ja ja ja ja ja ja! No, ja ja ja. No sé quién era el polaco y quién era el alemán, pero rebasé a uno y al otro lo encontré hasta después, como cuatro o cinco kilómetros adelante.

– ¿En serio? ¿Cuatro kilómetros de diferencia entre ambos? Entonces, no es creíble que un mismo vehículo haya derribado a los dos al dar vuelta en la curva del kilómetro 158?
– Pues no… ¿Kilómetro 158? ¿Hasta allá llegaron? Cuando yo los vi iban más acá, ni habían pasado por Oxchuc.

Nos despedimos del taxista y continuamos el trayecto hacia la capital del estado. Tanto “El Pollo” como el autor de estas líneas llegamos de madrugada a nuestras respectivas casas, con una gran diferencia de actitud: mientras Carlos no quiere enfrentarse a la Fiscalía General del Estado y pretende guardarse lo que sabe acerca de este probable doble homicidio, yo acabo de plasmar en letras todo lo que vi y lo que viví en la fiscalía de Ocosingo. Caiga quien caiga…

Epílogo: a las 18:12 horas del viernes 04 de de mayo de 2018, el fiscal regional Pablo Liévano lanzó otro comunicado, revelando el hallazgo de un segundo cadáver, doscientos metros más abajo de donde fue encontrado el primero.

Muy curioso… ¿Por qué no buscaron ahí desde que localizaron el primer cuerpo? El fiscal dice que el esqueleto encontrado hoy probablemente sea de Holger Franz Hagenbusch, aunque es muy posible que pertenezca a cualquier otra persona y nada más quieran simular que encontraron al teutón desaparecido para darle “carpetazo” al asunto con el fin de evitar más presión por parte de la embajada alemana. Por cierto, otra prueba de que el fiscal Pablo Liévano se apropió de nuestra investigación para hacerla pasar como suya es que se refiere al ciclista alemán como “Holger Franz” porque Carlos “N” le dijo (equivocadamente) que “Franz” era el apellido del viajero germano extraviado. Ambos desconocen que “Franz” es su segundo nombre y que el apellido es Hagenbusch…

3 COMENTARIOS

  1. Terrible situación. No sólo por los indígenas que roban a turistas al grado de cortarles la cabeza, sino por las autoridades que se hacen de la vista gorda y pretenden hacer ver cómo que no pasa nada. Poniendo con ello en riesgo la vida de más personas.

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