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El caso del reciente siniestro en el Complejo Petroquímico ‘Pajaritos’ enciende focos rojos a los previsibles resultados de la reforma energética respecto al petróleo y sus derivados

935 MDD espera recibir la empresa Mexichemen en utilidades este año, superior en 30 millones de dólares respecto al año fiscal 2015

Eh ahí las “reformas de gran calado”: los resultados del accidente –explosión- en el Complejo Petroquímico “Pajaritos” en Coatzacualcos, Veracruz, el 20 de abril pasado.

Hasta septiembre de 2013, ese complejo industrial era uno de los íconos de la participación del Estado en la economía y expresión de que el hidrocarburo era un recurso natural estratégico para la Nación y no sólo una “empresa más”; pero, aún sin aprobarse la reforma energética en el Congreso de la Unión, poco más de dos años, la empresa Mexichem obtuvo 56 por ciento de acciones, así Pemex dejó la mayoría accionaria de esa industria al quedar con el 44 por ciento.

Por tanto, quien decide sobre la producción, la modernización, la distribución, las negociaciones con proveedores y con clientes, etcétera, es Antonio del Valle Ruiz, dueño de la empresa asociada (?). Los productos son cloruro de vinilo, sosa cáustica, ácido muriático, etileno, entre otros.

Pero ya que toda empresa privada tiende a reducir costos, muchos de los trabajos de mantenimiento, e incluso de producción, la empresa mayoritaria Mexichem decidió subcontratarlos y, según explican las autoridades, la contingencia resultó de fallas que generaron escape de gas que provocó la explosión, cuyas muertes causadas ya superan los 30 trabajadores y más de 135 heridos.

El complejo “Pajaritos” inició operaciones en marzo de 1967, pero muchos años de experiencia en ciencia aplicada (UNAM, IPN, Instituto Mexicano del Petróleo) y en trabajo operativo se echan por la borda ¡sólo para reducir costos! Eh ahí los resultados.

Aun con el trágico accidente, Mexichem se jacta de que corporativamente espera obtener 935 millones de dólares en utilidades netas para este año, superior en 30 mdd respecto al 2015. La utilidad de la parte proporcional accionaria que se vendió del Complejo la hubiera obtenido el Estado mexicano, pero ya ni modo.

En espera de las investigaciones y la cobertura de seguro, es obvio que ni la empresa favorecida ni los proveedores se hacen responsables del siniestro y por tanto de la inmediata indemnización a las familias de los fallecidos y aunque las vidas de los trabajadores son invaluables, se prevé que Pemex cargará con esa responsabilidad.

Con el argumento de que es un contrato privado, aún hoy, a casi tres años de la “asociación” Mexichem-Pemex, no se conocen los términos de dicho acuerdo. Así no se duda que sea la alicaída paraestatal la que aporte los recursos de la reconstrucción de las instalaciones del complejo petroquímico, es decir otro rescate financiero a cargo del erario público, como tantos otros salvamentos en este “capitalismo de cuates”.

Oficialmente se ha argumentado que es la iniciativa privada la que mejor administra los negocios, mientras que el Estado debe procurar el desarrollo de la sociedad y se olvida que en México y en otros países, incluidos los de alto nivel de desarrollo –como los países nórdicos-, el crecimiento económico de la segunda mitad del Siglo 20 fue precisamente por la planeación y la orientación económica estatal, ejemplo reciente de esto es China con decisiones soberanas y no sólo de libre mercado.

Es muy probable que, después de estas asociaciones leoninas, en pocos años Pemex venda su parte accionaria y que simplemente al tiempo la paraestatal desaparezca totalmente, “porque no es estratégica para el Estado”.

El caso del reciente siniestro en el Complejo Petroquímico “Pajaritos” enciende focos rojos a los previsibles resultados de la reforma energética respecto al petróleo y sus derivados, es decir que ésta no garantiza que se satisfagan las necesidades para el desarrollo económico, más bien se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, como sucede en este país desde hace más de 30 años. El modelo económico debe modificarse ya, porque los resultados del neoliberalismo sólo favorecen a pocos, pero no a la población mexicana.

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