49 inocentes perdieron la vida hace ahora un año en el que hasta la fecha es el segundo ataque terrorista con más muertos en la historia de los Estados Unidos. Disfrutaban de la conocida “noche latina” en la discoteca Pulse, de clientela principalmente LGTBQ, uno de los locales con más recorrido en la ciudad de Orlando, en Florida, Estados Unidos.

El suceso provocó un enorme revuelo internacional, El Estado Islámico se atribuyó la autoría del ataque, y la ciudad de Orlando entera se volcó para ayudar y dar sus condolencias a las familias, rotas de dolor, de los fallecidos. ¿Pero dónde están hoy las demás víctimas, los 53 heridos, los supervivientes?

Joaquín Rojas, de 27 años y natural de Puerto Rico, es uno de ellos. Acudió a Pulse como parte de la celebración de su cumpleaños, que había sido unos días antes. Tal y como él mismo relata, “fue una noche común y corriente, hasta que alguien nos cambió la vida para siempre.”

Acudieron 7 amigos, y sólo tres de ellos salieron con vida. “Los otros cuatro lamentablemente fallecieron”. Uno de ellos, Jean Carlo, dio su última bocanada de aire a su lado, mientras yacían en el suelo para no ser descubiertos por el asesino. Sus heridas fueron fatales, “ya no puedo respirar”, le dijo antes de fallecer. Joaquín seguía tendido en medio de la discoteca, la adrenalina hizo que prácticamente se tirara sin darse cuenta de que una bala también había alcanzado su brazo. Sus conocimientos médicos, es enfermero, le permitieron ejercer presión para no desangrarse. Mientras, esperaba con los ojos cerrados y la cabeza pegada al suelo a que alguien los salvara.

“Yo no vi nada, pensé que nos habían rescatado y que nadie más había fallecido”. Pero lo que Joaquín encontró al salir de la sala de la mano de un policía fue radicalmente opuesto a lo que esperaba. Caos, desesperación, y una tasa de víctimas que no paraba de aumentar según pasaban las horas.

“Como profesional de la salud pensé que mi brazo no tenía esperanza, pero la medicina me salvó la vida”. Tras tres cirugías de alta complejidad, “hoy soy una persona nueva, un sobreviviente”.

La primera fue para reemplazar su radio por una pieza de metal, la segunda para transplantarle los nervios de una de sus piernas hasta el brazo, y la tercera para recibir una donación de su propia piel.

Hoy, un año después de la tragedia que supuso un antes y un después en la ciudad de Orlando, y en las comunidades LGTBQ y latinas alrededor del mundo, Joaquín luce recuperado en una entrevista exclusiva para Yahoo En Español desde un hotel de la propia ciudad, como parte de un especial en torno a la conmemoración del primer aniversario de los terribles ataques.

Tras rechazar una cuarta operación para evitar volver a pasar por el calvario que supone otra cirugía, Joaquín se ha reincorporado con éxito a su puesto de trabajo como enfermero en un hospital.

Contento con su avance físico y emocional, atribuye su recuperación a las terapias ocupaciones, que le han permitido recuperar movilidad en el brazo, a su trabajo como enfermero: “si antes me encantaba mi trabajo, ahora me desvivo por los pacientes”, y al apoyo de su familia.

A pesar de todo lo horrible vivido, si hay algo que su corazón no alberga, es odio ni rencor, ese espacio prefiere reservarlo para sus amigos, a los que recuerda emocionado: “Siempre los recordaré alegres.

Los quise muchísimo y aún los quiero. Me ayudaron a muchas cosas en la vida.” “Todavía queda amor para todo el mundo, hay que seguir hacia adelante, hay que ver las cosas de una manera positiva.”

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