En la nueva película Wonder Woman, nuestra heroína titular deja Themyscira, su isla de mujeres empoderadas, para llegar a la sociedad acorsetada de Londres en la Primera Guerra Mundial.

En la nueva película Wonder 
Woman, nuestra heroína titular deja Themyscira, su isla de mujeres empoderadas, para llegar a la sociedad acorsetada de Londres en la Primera Guerra Mundial. Mientras sus acompañantes tratan de convencer a la guerrera de la tribu amazónica para que cambie su falda de cuero por el confuso bullicio de un mundo occidental dominado por hombres, Diana Prince tiene una pregunta natural: ¿cómo peleas con este atuendo?

La escena refleja el reto de la directora Patty Jenkins: en una industria siempre plagada de sexismo, se preguntó, ¿cómo puedo tener éxito como la primera mujer en dirigir una película de superhéroes de gran presupuesto?

Al igual que otras directoras, su respuesta es que se niega a estar obligada por esa pregunta, en lugar de preguntar: ¿cómo tengo éxito como directora y punto?

En el set, Jenkins puede ser una directora física, demostrando a sus actores —incluyendo a la estrella Gal Gadot (Wonder Woman)— los movimientos de combate cuerpo a cuerpo precisos que está buscando. Ella también evoca las emociones que está buscando de Diana Prince, una mujer que podría ser nueva en esta civilización patriarcal, pero rara vez abandona su espada o su sentido de poderosa posesión de sí misma. Jenkins dice que su enfoque envalentonado se aplica tanto a la ficción mítica como a la verdadera maquinaria de Hollywood.

“Mi madre era una feminista de segunda generación, y escuché mucho sobre ello y pensé mucho en ello”, dijo Jenkins a The 
Washington Post. “La forma en que ella me crió fue consciente de que había sexismo, pero también: ‘Felicidades – ¡gracias, ahora puedo hacer lo que quiera, mamá!’”.

Al asumir como mujer joven que la igualdad había sido alcanzada, llevaba la armadura de cierta ingenuidad que a veces le servía bien, recuerda Jenkins, de 45 años. No se sintió intimidada por lo que ni siquiera reconoció. Ella también dice que fue fortalecida por su infancia peripatética: su padre era un capitán de la Fuerza Aérea y su madre una científica ambiental, por lo que creció viajando por el mundo, de costa a costa en EU y de Alemania a Tailandia.

Jenkins estudió pintura y actuación antes de descubrir su carrera elegida. “Oh, eso es todo, quiero ser cineasta”, dice ella de su epifanía. “Nunca se me ocurrió que yo no podía ser directora, que no podía ser exitosa”. Pero la razón por la que sucedió fue porque, como Diana, nunca se le ocurrió que no pudiera suceder, por la forma en que fue criada.

Otras directoras tienen sus propias estrategias para pensar más allá del sesgo de género. Amy Heckerling, que ha dirigido comedias como Fast Times en Ridgemont High y Look Who’s Talking, dice que mientras ella ha enfrentado la discriminación en su carrera, “sólo traté de no pensar en ello. Podría decir millones de cosas acerca de diferentes tipos de injusticia, pero soy como la persona que va cubriendo sus ojos gritando ‘¡Alalalala!’”.

La directora también hace hincapié en la diferencia entre la creación de trabajo de empoderamiento y la elección de estar al frente como activista. “Es como la película de Chaplin donde un camión pasa y una bandera roja se cae. (El vagabundo) está corriendo para decir que se les cayó y mientras tanto, un desfile socialista se acerca detrás de él y todos piensan que él lo está conduciendo”, dice Heckerling. “Y tú dices: ‘No, no quiero tomar la bandera y correr’. Quiero olvidar que esto está sucediendo”.

Martha Lauzen, directora ejecutiva del Centro para el Estudio de las Mujeres en la Televisión y el Cine en la Universidad Estatal de San Diego, celebra que Jenkins dirigió una película de tendencia con una protagonista femenina, pero ya espera lo que viene a continuación.

“Esto me recuerda la situación que rodeó a Kathryn Bigelow cuando ganó su Óscar por The Hurt Locker”, dice. “En ese momento, muchos observadores de la industria y periodistas hablaron sobre el “efecto Bigelow” y cómo su merecido éxito conduciría a un aumento en el número de directoras que trabajan en películas de alto perfil.

“Sabemos que este efecto aún no se ha materializado”, continúa Lauzen, señalando que las mujeres representaban sólo 7% de los directores que trabajaron en las 250 principales películas del año pasado, en comparación con 9% en 1998.

Jenkins aconseja a las mujeres jóvenes cineastas para que se desconecten del sesgo de género. “Cuando dicen, ‘¿cómo puedo hacerlo como mujer?’ Yo digo: No pienses en eso, porque sólo te va a hacer daño’. Pero por supuesto (el sexismo) es real, no lo menosprecio, sólo digo: eres más poderosa por forjarte a pesar de ello”.

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