Nobel de la Física 2017 para descubridores de las ondas gravitacionales

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Tres estadounidenses recibieron este 3 de octubre el Premio Nobel de Física por haber confirmado una predicción de Albert Einstein: la existencia de las ondas gravitacionales creadas por los agujeros negros, una revolución que nos acerca al corazón del Big Bang y al origen del universo.

Un siglo después de que Einstein enunciara los principios de estas ondas en su teoría general de la relatividad de 1915, los astrofísicos Rainer Weiss (85 años), Barry Barish (81) y Kip Thorne (77) volvieron a “sacudir el mundo”, según Göran Hansson, secretario general de la Academia de Ciencias.

“Como Galileo mirando con su telescopio, se trata de un nuevo avance en la astronomía, de una nueva manera de ver el universo”, declaró en agosto Barry Barish, quien ya había compartido en junio con Weiss y Thorne el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica.

Thorne y Weiss crearon el observatorio LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory u Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser) en el marco de su trabajo en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), el cual ha recibido 18 premios Nobel desde la creación del galardón en 1901.

Barish, director del observatorio de 1997 a 2006, ayudó a completar el proyecto creando la Colaboración Científica LIGO, una agrupación de 1,167 científicos de más de un centenar de universidades dedicados a esta tarea.

“Hacía 40 años que tratábamos de detectarlas. ¡Qué alegría haberlo logrado!”, dijo Rainer Weiss cuando la Academia le anunció el premio.

La primera observación directa de las ondas gravitacionales fue el resultado de un evento a unos 1,300 millones de años luz de distancia.

“Aunque la señal fue extremadamente débil, cuando llegó a la Tierra, ya prometía una revolución en la astrofísica. Las ondas gravitacionales son una forma completamente nueva de seguir los eventos más violentos en el espacio y probar los límites de nuestro conocimiento”, comentó la Academia Sueca.

“Sabíamos que las ondas gravitacionales existían” pero “por primera vez fueron observadas directamente”, declaró Olga Botner, del Comité Nobel de física.

Esa primera detección directa, un momento histórico tras 40 años de esfuerzos, tuvo lugar en septiembre de 2015 y fue divulgada el 11 de febrero de 2016.

Las ondas gravitacionales suelen ser representadas como la deformación que ocurre cuando un peso reposa sobre una red. En este caso, la red representa el entramado espacio-tiempo. Estas perturbaciones se desplazan a la velocidad de la luz y nada las detiene.

El hecho de poder detectar estas ondas que viajan sin alteración por miles de millones de años torna posible remontarse al primer milisegundo del llamado Big Bang. Esto podría brindar valiosos datos sobre el origen del universo.

“Einstein estaba convencido de que nunca sería posible medirlas”, afirmó el comité Nobel. Sin embargo, en los años 1950, el físico estadounidense Joseph Weber comenzó a trabajar en los primeros detectores para lograrlo.

Una prueba indirecta su existencia fue establecida en 1974 por el descubrimiento de un pulsar —una estrella de neutrones que emite una radiación electromagnética intensa en una dirección determinada, como un faro— y de otra estrella de neutrones girando a gran velocidad alrededor de la otra.

Por ese descubrimiento, los estadounidenses Russel Hulse y Joseph Taylor recibieron el Premio Nobel de Física en 1993.

Rainer Weiss recibirá la mitad del premio de nueve millones de coronas suecas (unos 1,1 millones de dólares), mientras que Barry Barish y Kip Thorne se repartirán en parte iguales el resto.

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