Entre el primer trimestre del 2005 y el se segundo trimestre del 2017, la productividad laboral de la economía mexicana, con base en las horas trabajadas aumentó 7.1%, es decir, apenas 0.6% cada año, mientras que el salario diario asociado a los trabajadores asegurados en términos reales se incrementó en 6.5% en dicho lapso, que equivale a 0.5% cada año, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística (Inegi) y del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Ciertamente el avance no ha sido un proceso lineal, dado que éste se vio fuertemente afectado por la crisis del 2008-2009, en que el Índice de Productividad Laboral Global de la Economía registró una caída de 6.57%, entre el tercer trimestre del 2008 y el primer trimestre del 2009, por su parte el salario real asociado a cada trabajador extendió su caída hasta el primer trimestre del 2010, lapso en el que retrocedió 3.91 por ciento. En este bache de la economía mexicana, la rápida recuperación de la actividad económica a la senda del crecimiento permitió revertir la caída tanto de la productividad laboral, como del salario real, proceso que se extiende a la fecha, aunque a una velocidad muy pausada.

El tema de la productividad en la economía mexicana fue abierto a debate en el arranque de la presente administración y fue impulsada por el entonces secretario de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray, quién anunció que el gobierno federal envió al Congreso de la Unión una iniciativa de ley para impulsar el crecimiento sostenido de la productividad y competitividad.

El encargado de las finanzas públicas en ese entonces reconoció que no era posible que la economía mexicana pudiera crecer a tasas sostenidas, si no se incrementaba la productividad dentro del país, señaló que “sólo incrementando la productividad se impulsará el crecimiento económico y se elevará el poder adquisitivo de los mexicanos”, desde otra perspectiva, algunos analistas han señalado que los avances del índice de productividad, por encima del índice del salario, indican que los incrementos en la productividad pasan a formar parte de los ingresos al capital o de las ganancias de las empresas.

De acuerdo con las cifras reportadas por el Inegi, la productividad laboral en el curso de la administración de Enrique Peña Nieto registra un incremento de 2.1%, de 7.7% en las actividades primarias, 7.1% en las terciarias o de servicios y una caída de 11.1% en las actividades secundarias, en este mismo lapso el salario real presentó un avance de 3.2%, que es 1.1 puntos porcentuales por arriba del Índice Global de Productividad Laboral.

Aunque el Inegi sólo reporta en forma desagregada los índices de productividad para las empresas constructoras y la industria manufacturera, se infiere que la caída en el sector secundario proviene del desplome en la industria minera, particularmente la petrolera que, tras el desplome del precio del hidrocarburo al final del 2014, arrastró al sector en su conjunto.

El Índice Global de Productividad Laboral de la Economía se obtiene de relacionar el Producto Interno Bruto trimestral en términos reales y el número de horas trabajadas por las personas ocupadas en el país. Esta información se presenta para la totalidad de la economía nacional y para los tres grupos tradicionales de actividades económicas: primarias, secundarias y terciarias a partir del primer trimestre del 2005.

Aunque la medición con base en la población ocupada y la realizada con base en las horas trabajadas parte de metodologías distintas, se observa en las series de tiempo que ambas presentan prácticamente la misma trayectoria, por lo que para efectos de la presente nota se tomó como referencia esta última.

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