Lego, en danés, su país de origen, proviene de unir las palabras “leg” y “godt” y, literalmente, significa “juega bien”. Y jugar, han jugado con casi todo. Las piezas de Lego llevan 85 años haciéndolo con nuestra imaginación. Sus botones interconectables los hacían únicos y empezaron a venderse en todo el mundo

Cualquier objeto puede tener su versión Lego. Sobre todo, desde que incorporaron la rueda en sus kits. Lego es la empresa del mundo que más neumáticos fabrica, por encima de las marcas que los venden para los vehículos de verdad.

Incluso el arte ha jugueteado con los bloques de Lego. Creando obras completamente nuevas, o versionando las más conocidas, como la Gioconda o ‘El grito’ de Munch.

Hoy la fiebre Lego llega a 130 países en todo el mundo. Una marca que ha sabido rentabilizar su nombre como pocas. Sus beneficios el año pasado superaron los 1,000 millones de euros y están presentes hasta en Hollywood.

Las franquicias más famosas tienen sus universos contenidos en una caja de Lego y algunas hasta rompen récords. Esa popular saga que se creó hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana, acaba de sacar el modelo de Lego con más piezas de la historia: 7.541 bloques para crear un Halcón Milenario que solo vuela en nuestra imaginación.

Pero ese ha sido siempre el gran poder de Lego, hacer real lo que solo está en nuestra mente.

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