Las cosas no eran iguales entre ellos últimamente. Ya no era solo que Francesco, su mejor amigo, compartiera a veces miradas, gestos y comentarios con su propia novia, es que le acababa de dar a like a una foto en Facebook de ella. Eso había sido una falta de respeto y Alex Pititto no lo aguantó más. Se citó con su colega a las afueras de Mileto y nada más verle sacó su pistola y le pegó tres tiros que acabaron con su vida.

Ambos tenían solo 15 años, pero el asesino tenía un largo historial detrás. Es hijo de un capo de la ‘Ndrangheta y procede de una larga estirpe de delincuentes a la que este adolescente se acaba de sumar con su violento homicidio. Para él, todo era una cuestión de orgullo y de honor.

Hasta el fatídico día los dos muchachos eran inseparables y gozaban de una bonita amistad. Tanto es así que los mensajes de afecto entre los dos inundaban sus cuentas en unas redes sociales que en el caso de Francesco van a enmudecer para siempre. Un último mensaje de despedida de su familia “Tan perfecto que los ángeles te han querido con ellos. Te echamos de menos. Buen viaje príncipe” pone el colofón a una relación que ha terminado trágicamente.

Lo cierto es que los expertos italianos en la mafia saben de los peligros que entrañan estos jóvenes que se han criado en un ambiente en el que la violencia y las amenazas están muy presentes y que no muestran ningún tipo de miedo hacia la posibilidad de ir a la cárcel. De hecho, como son conscientes de que tienen toda la vida por delante aceptan su castigo, sabiendo que antes o después van a salir de prisión y hacer su vida normal.

En el caso de Alex, él ya conocía casos similares dentro de su familia. Sus padres, Salvatore y Maria Antonia, su hermano y su primo fueron arrestados hace apenas cinco meses en una operación policial. Todos ellos estaban implicados en el tráfico de cocaína desde Sudamérica, aumentado así la leyenda negra del clan.

En el momento en el que el joven decidió cometer el asesinato, simplemente cogió una pistola de su casa y mató a su amigo. Un problema que las autoridades italianas no están siendo capaces de resolver y que cada vez preocupa más en la sociedad.

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