Sustancia presente en los hongos alucinógenos cambia el cerebro de los depresivos

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Hace apenas 10 meses os hablaba en este mismo blog de la oleada de optimismo que está despertando entre los investigadores de vanguardia en psiquiatría el uso de un alcaloide presente en los hongos alucinógenos que empleaban los chamanes mexicanos para entrar en trance. Se decía que este compuesto, llamado psilocibina, podía mejorar de forma drástica el bienestar psicológico de aquellos que sobrellevan un trauma severo, como los pacientes de cáncer en estado terminal o los depresivos crónicos que no responden a ningún tratamiento.

Estudios anteriores con técnicas de visualización de la actividad cerebral ya habían mostrado que este alcaloide se dirige a las áreas en las que el cerebro muestra más actividad a causa de la depresión. Ahora, un nuevo trabajo científico publicado en Nature Scientific Reports por un equipo de investigadores del Imperial College de Londres dirigido por Robin Carhart-Harris parece dar la razón a los que avanzaban el potencial de la psilocibina para tratar a enfermos de depresión que no parecen responder a ninguno de los tratamientos estándar.

El año pasado, el equipo de Carhart-Harris dirigió el primer ensayo clínico con psilocibina para el tratamiento de la depresión, que obtuvo resultados prometedores. No obstante, aquel ensayo solo involucró a 12 pacientes y no incluía grupo de control. Aun así el equipo británico descubrió que tras solo dos sesiones de terapia asistida con este alcaloide, todos los voluntarios mostraban una reducción en los síntomas.

De ahí que este año el equipo se lanzase a un nuevo estudio con una muestra de 19 personas afectadas de depresión que (como en el estudio anterior) no respondían a los tratamientos convencionales. El objetivo del equipo de Carhart-Harris era demostrar que la psilocibina puede de hecho provocar cambios en el cerebro de estos enfermos.

A cada voluntario se le administraba una dosis de 10 mg de psilocibina, seguida de otra de 25 mg, separadas en el tiempo por una semana. Los escáneres cerebrales mostraban que, tras las tomas, la actividad cerebral en ciertas áreas se reducían. Entre estas áreas se encuentra la amígdala, región involucrada en el procesamiento del miedo y el estrés. Los participantes informaron sobre una mejora inmediata en el estado de humor que llegó a durar hasta 5 semanas.

Según declaraciones de Carhart-Harris: “Hemos demostrado por primera vez que la psilocibina produce cambios claros en la actividad cerebral de las personas afectadas por depresión que no responden a los tratamientos convencionales. Varios de nuestros pacientes describen haber sentido una especie de ‘reinicio’ tras el tratamiento”.

Para Paul Morrison, del King’s College de Londres: “esto aporta más evidencias de que la psilocibina puede resultar un remedio efectivo para los casos de depresión más difíciles de tratar. Encontrar desarrollos que afecten a esta área debe ser una prioridad para la psiquiatría. Algunas personas pueden llegar a atravesar fases de sufrimiento que duran varios años y que parecen resistir a todas las terapias estándar”.

¡Ojo¡ Estos prometedores resultados no implican que la gente afectada de depresión deba automedicarse ingiriendo hongos alucinógenos. Esto es un absoluto despropósito tal y como alerta el equipo de Carhart-Harris.

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