De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México se encuentra ubicado en el contexto de cinco placas tectónicas: Caribe, Pacífico, Norteamérica, Rivera y Cocos, estas últimas dos placas se encuentran en subducción (se sumergen una debajo de la otra, ya sea oceánica o continental) debajo de la placa de Norteamérica.

Rivera se sumerge bajo Jalisco y Colima, mientras que Cocos lo hace debajo de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Al sur de Chiapas y en Centroamérica, Cocos continúa, pero ahora subduciendo debajo de la placa del Caribe.

¿Por qué no se pudo prever esto?

Detallan que, por un lado, la sismología cuenta con registros limitados en el tiempo, estos datan de finales del siglo XIX. Aunque a estos los acompañan recuentos históricos, no se tiene una buena colección de ellos en todo el mundo. Japón cuenta quizá con la historia más larga, aun así, no fue suficiente para conocer que había sucedido un sismo similar 1,000 años atrás.

¿Cuál es la situación en México?

Explican en el análisis del Instituto de Geofísica de la UNAM, que en nuestro país el registro sísmico data de 1906. A lo largo de la zona de subducción se tiene el registro de un sismo que alcanzó una magnitud de 8.2. Éste ocurrió en 1932 y abarcó las costas de Jalisco y Colima, con una longitud de 230 km.

Los siguientes sismos más grandes fueron, el de 1985 que tuvo una magnitud de 8.1 y recientemente el del 7 de septiembre de 2017 con una magnitud de 8.2 grados. Se han tenido otra serie de sismos de magnitudes menores a lo largo de la zona de subducción mexicana. Sin embargo, a partir de recuentos históricos y de estudios de paleosismología, se sabe que en 1787 ocurrió un sismo en las costas de Oaxaca, cuya magnitud se ha estimado hasta de 8.6, con una longitud aproximada de 600 kilómetros.

Después del sismo de Japón de 2011 y de que se corroboró la existencia del sismo de Oaxaca de 1787, la comunidad sismológica de México se ha planteado escenarios posibles y preguntas que todavía no tienen respuesta.

¿Cuál es la magnitud máxima que se espera en México?

Para poder responder esta pregunta, el Instituto de Geofísica explica que es necesario conocer todos los sismos que han tenido lugar en la zona de subducción mexicana, esto permitiría conocer cómo se comporta el sistema y poder establecer esa magnitud máxima, sin embargo, lo que se conoce se limita a 225 años, lo cual en términos geológicos es muy poco. Un ejemplo obvio es el sismo de Japón, cuyo tiempo de recurrencia, es decir, el tiempo que tarda en volverse a presentar un sismo similar, fue de 1000 años. Entonces, si tomamos en cuenta los 225 años de historia sísmica que conocemos para México, se limitaría la magnitud a 8.6. Sin embargo, no sabemos si hubo algo mayor tiempo atrás.

¿Podría presentarse un sismo como el de 2011 en Japón de 9.0 grados Richter?

La respuesta no es sencilla, argumenta el Instituto, debido a que para que se pueda presentar un sismo de magnitud 9.0, necesitaríamos en la zona de subducción de México, una longitud de la ruptura de aproximadamente1,200 km, lo que implicaría que se rompiera toda el área de la placa de Cocos que se encuentra subduciendo bajo la placa de Norteamérica. Sin embargo, agrega que este escenario no toma en cuenta los sismos importantes más recientes, como el de 1985 y el del 2017. El incluir este tipo de sismos hace menos probable un escenario de ruptura tan grande.

Para poder llegar a una respuesta satisfactoria y a un escenario más plausible es necesario realizar más estudios en por lo menos dos líneas:

1. Estudios de paleosismología a lo largo de toda la costa mexicana. Este tipo de estudios ha dado inicio, pero es complicado y tardado cubrir tanta longitud. Así que las respuestas que de él emanen tardarán en llegar.

2. Estudios de acoplamiento entre las placas. Estos implican el uso de tecnología de GPS de alta precisión. Hoy en día se tienen datos en algunos puntos de la zona de subducción, pero es necesario ampliar los estudios a lo largo de toda la costa y realizar también estudios en el océano. Se tienen propuestas de diversos proyectos, pero aún no han arrancado.

El Instituto anticipa que estos estudios permitirían conocer el estado actual de la interacción de las placas de Cocos y Rivera en subducción debajo de las placas de Norteamérica y Caribe, y con ello estimar el potencial que se tiene para un sismo de mayor magnitud.

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