El gobierno de la Ciudad de México hará crecer la superficie de la Plaza de la Constitución en 2,000 metros cuadrados y colocará, después de retirar el piso actual, placas de concreto hidráulico arquitectónico. 

El Zócalo de la Ciudad de México lleva a cuestas una carga simbólica que parece estar anclada a las profundidades de los lagos que lo vieron nacer. A casi 500 años de su construcción, el gobierno de la Ciudad de México hará crecer la superficie de la Plaza de la Constitución en 2,000 metros cuadrados y colocará, después de retirar el piso actual, placas de concreto hidráulico arquitectónico. ¿A qué responde esta remodelación?

La primera razón es que la plancha del Zócalo tiene 59 años sin haber recibido una restauración importante, así que es necesario un remozamiento de la plaza. Tal vez una segunda respuesta a esta pregunta sea l congruencia en la habilitación de cada vez más espacios peatonales en las delegaciones del centro de la ciudad. Una tercera justificación tiene que ver con la complejidad del desarrollo urbano del centro de la ciudad en su estrecha relación con la periferia de la metrópoli.

La superficie del Zócalo pasará de 20,700 a 22,700 metros cuadrados, con lo que ganará 2,000 metros cuadrados de superficie peatonal. Contará con ocho accesos seguros por las calles de 16 de septiembre, 5 de febrero, 20 de noviembre, José María Pino Suárez, Palacio Nacional, Moneda, Catedral Metropolitana y Francisco I. Madero. El proyecto costará en total 150 millones de pesos, dará empleo directo a 80 personas y será concluido antes de las fiestas patrias de septiembre. Todas las labores serán supervisadas por personal del INAH, que se encargara de proteger el patrimonio histórico que podría encontrarse debajo del piso actual de la plancha.

De acuerdo con Roberto Remes, coordinador de la Autoridad del Espacio Público, “todo empieza por mejorar la plancha porque lo que tenemos ahora está desnivelado, roto y parchado”, dijo a el periódico español El País. Si bien este remozamiento de la Plaza de la Constitución revitaliza la plaza pública más importante del país, es preciso recordar que la mayoría de quienes disfrutan de pasear por este simbólico lugar son los turistas y los visitantes de la zona, no los habitantes del centro histórico de la ciudad.

El Bando 2 del Distrito Federal, el retiro del comercio informal en el primer cuadro del centro histórico y la adquisición de más de 70 inmuebles en esta zona por parte de la Fundación del Centro Histórico, del empresario Carlos Slim, hacen dudar de las buenas intenciones del gobierno de la Ciudad de México con respecto a que las mejoras en la infraestructura urbana tienen un verdadero impacto en todos los estratos sociales y no sólo en el medio-alto.

Aunque el propósito del Bando 2 del Distrito Federal era que las familias de bajos recursos vivieran en el centro de la ciudad; lo que en realidad sucedió fue totalmente lo contrario: el valor del suelo y las propiedades se disparó exponencialmente, lo que elevó el impuesto predial y la renta de vivienda. Así, la CDMX se volvía to­davía más inaccesible para los más pobres, a los que lanzó a la zona conurbada”, dijo Esther Maya, doctora en urbanismo por la UNAM entrevistada por la revista Forbes.

A este proceso de desplazamiento en el que ciertos barrios de la ciudad son ocupados por profesionistas de alto nivel y jóvenes universitarios se le conoce como gentrificación. En este sentido, según Luis Alberto Salinas, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, “la gentrificación de colonias y barrios céntricos en las grandes ciudades de América Latina sólo beneficia a los desarrolladores inmobiliarios, a los empresarios y al turismo”, de acuerdo con un boletín académico de la Máxima Casa de Estudios.

Esto lo confirman las palabras que recientemente pronunció el jefe de Gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Mancera y que fueron recogidas por el diario La Jornada: “Lo vamos a dejar muy bonito, para que todos los que vengan aquí se acuerden que lo arreglamos con todo cariño para todos los estados de la República. Esta es su ciudad, la capital, en donde todos son muy importantes”, mencionó.

El portal inmobiliario Propiedades.com indicó que en promedio, la renta de un departamento en el centro histórico de la ciudad es de 11,700 pesos, lo que la aleja mucho de lo que pueden pagar muchas de las personas que han sido desplazadas desde esta zona a la periferia de la urbe.

“Una nueva transformación del centro histórico está ocurriendo frente a nuestros ojos y vale la pena seguirla muy de cerca, pues no sólo da una oportunidad de observar los procesos instrumentales en las que opera el ordenamiento urbano, también revela por supuesto dinámicas más profundas entre el gobierno y el capital. Un proceso auspiciado por el estado que podría generar o estar generando desplazamientos y apropiaciones sobre los segmentos de población más marginados”, refiere José Ignacio Lanzagorta en un artículo para la revista Nexos.

La restauración del patrimonio de la ciudad es un esfuerzo encomiable, siempre que esté destinado a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad y de zonas específicas, pero cuando funciona como una forma de ocultar el desplazamiento de personas en condiciones de vulnerabilidad es preciso cuestionar si estas tareas se están realizando por las mejores razones.

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