Quien más quien menos ha malinterpretado el gesto de otra persona alguna vez en la vida. Y la consecuencia es, por norma general, un momento incómodo y algo de vergüenza. Pero, como se explica en un artículo reciente, malinterpretar los gestos de monos salvajes tiene consecuencias mucho peores, y puede llegar a ser realmente peligroso.

Y es mucho, mucho más común de lo que nos podríamos imaginar. En especial con los macacos – el artículo se centra en el macaco de Gibraltar (Macaca sylvanus) pero se puede extrapolar a otras especies – porque asociamos gestos de seres humanos a estos animales.

Por ejemplo, muchos turistas piensan que los monos “les tiran besos”. Es cierto que los macacos elevan las cejas y sacan los labios, en una expresión que parece un beso… y sin embargo, lo que hacen es mostrar agresividad. Con ese “tirar un beso” en realidad están amenazando.

Nos podemos imaginar el resultado. Un animal salvaje – conviene no olvidarlo – que está desplegando una advertencia de agresión, y un turista encantado con la idea de que el mono le está haciendo carantoñas. En el mejor de los casos, se responde igual y el mono se siente provocado. En el peor, el turista trata de acercarse al animal que tan cariñoso parece.

En muchas ocasiones el resultado es obvio, y termina con el mono mordiendo o arañando al turista. Que si la cosa quedase ahí, ya sería grave. Pero como decíamos antes, son animales salvajes, sujetos a todo tipo de infecciones naturales. Que transmiten a los equivocados turistas.

En el artículo se proponen algunas medidas para solucionar este problema. Por ejemplo, facilitar información y poner carteles en zonas de afluencia de turistas, explicando las expresiones faciales de los monos. Que parece una buena idea, pero ¿funcionaría?

La respuesta es “no”. De hecho, en el estudio han llevado a cabo este experimento: escogieron tres grupos de personas. El primero no había tenido contacto con monos, el segundo grupo había recibido información sobre las expresiones de los macacos, y el tercero estaba formado por gente que había pasado al menos dos meses trabajando con estos animales.

Bien, pues hasta los “expertos” cometían errores y malinterpretaban a los monos. Pocos, eso es verdad, pero suficientes como para ponerse en riesgos a sí mismos. Parece que es muy difícil no asociar cualidades humanas a estos animales, que es lo que lleva a los malos entendidos.

Aún así, siempre es mejor informarse antes de entrar en contacto con los monos. No hay que tenerles miedo, si no recordar, por muy difícil que nos resulte, que sus gestos no son iguales a los nuestros.

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