El Tricolor puede ser desde el más grande y armonioso en la cancha hasta el más inestable. Los altercados y acciones negativas como las de ayer, les hacen perder el juicio.

La selección Mexicana tiene al menos tres síntomas médicos para diagnosticarle bipolaridad: la depresión, la irritabilidad y hasta la grandiosidad.

El equipo de Juan Carlos Osorio tiene pasajes contrarios y vertiginosos en hora y media. A veces se mira pequeño, desubicado y hasta molesto con lo que son y por otro lado, se pueden ver robustos e importantes. Sí, los equipos también se enferman, y si no se tratan a tiempo o llega el medicamento a buena hora, pueden empeorar.

El problema no sólo son las rotaciones, también los estados de ánimo de los seleccionados de Osorio. Tendrá su responsabilidad el entrenador colombiano, seguramente sí, pero también la tienen algunos futbolistas que no terminan de madurar, y cuando eso ocurre llega la bipolaridad.

El doctor recomienda tomar Prozac, Paxil o Zoloft, algunos de los antidepresivos. Ojalá eso se pudiera inyectar al carácter, a los sistemas de juegos, a las rotaciones, a los jugadores. Ojalá hubiera una dosis de 1 gramo y que a todos en la Selección les aplicaran una inyección y que con eso quedara. Pero no es así.

Es verdad, el futbol de México da orgullo por momentos. Se mira doloso para el rival, intenso, dinámico, con variantes, con movilidad total, con clase y hasta con lujo en muchas ocasiones. Los “que saben” dicen que tenemos en la cancha a las generaciones más talentosas de futbolistas, pero la sensación de los fans es de desconfianza en lo que puedan conseguir.

Es verdad, ayer se ganó 2-1 ante un equipo que está 78 sitios debajo de México en el ranking mundial. Es verdad también que en el futbol las diferencias numéricas no siempre tienen que ver con lo que ocurra en la cancha, pero lo más preocupante es que el equipo de Osorio no reacciona del todo bien a las adversidades.

Nueva Zelanda anotó (porque lo merecía incluso ya unos 10 minutos antes) y llegó el momento de irritabilidad y depresión. Empezó el partido con confianza y hasta con grandiosidad… luego el mal momento y con ello la bipolaridad: jugadores entregando pases sencillos, perdiendo balones, haciendo jugadas de más, desanimados, confundidos, con la mirada nublada y pareciera que lo que buscaban era que llegara alguien y les diera un abrazo y que les dijera que no pasaba nada, que todo iba a estar bien… Osorio les dijo algunas cosas a mediotiempo y entonces salió otro equipo.

México le dio la vuelta al marcador. Se miraba lúcido, intenso, poderoso, dinámico. Movimientos por todos lados, oportunidades de gol, insistencia en el arco contrario, búsqueda de los jugadores para generar huecos. Todos con una confianza y futbol: era evidente que sucedería la voltereta. Seguramente Nueva Zelanda lo sintió y se miró la víctima.

Pero después del segundo gol, otra vez la bipolaridad y otra vez el estado de depresión en el juego de la Selección. En el deporte la justicia no existe siempre y como no existe siempre, Nueva Zelanda no empató. Pero sí que lo merecían. Lo importante es sumar ¿no? Al menos eso siempre dicen y pues bueno, México sumó, pero acabó llorando y soltando manotazos. Pidiendo que el partido se terminara y afortunadamente se terminó.

La selección de futbol de México logró un sufrido triunfo 2-1 ante Nueva Zelanda por la Copa Confederaciones, un resultado que la dejó cerca de acceder a las semifinales del torneo.

Con la victoria, el Tri se ubicó en el primer lugar del Grupo A con 4 puntos, los mismos que registra Portugal pero con más goles a favor. Rusia con 3 unidades y Nueva Zelanda sin sumar completan el sector. Los dos primeros de cada grupo avanzan a las semifinales.

En el primer encuentro del día, el elenco luso le ganó 1-0 al local con gol de Cristiano Ronaldo.

México continuó dominando y puso el 2-1 a los 72, cuando Oribe Peralta remató potente de zurda un centro enviado por Aquino que superó por el sector izquierdo a su marcador.

En la parte final del encuentro, el poste evitó que Nueva Zelanda empatara cuando Ryan Thomas estrelló su disparo en el travesaño a los 85. A los 89, el defensor Tommy Smith desvió en la línea de gol un disparo de Jiménez.

“No fue nada fácil, este tipo de equipos son los que más se te complican. Lo importante es que no bajamos los brazos y sacamos el triunfo”, dijo el mediocampista Marco Fabián a TV Azteca.

En la última jornada de la fase de grupos, México enfrentará el sábado a Rusia, en una jornada en la que Portugal jugará ante Nueva Zelanda. Con un empate, el Tri se meterá en las semifinales.

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