¿Quién quedaría entre los sobrevivientes en caso de un ataque nuclear global? Durante la Guerra Fría, Estados Unidos comenzó a preocuparse por la seguridad de sus élites políticas ante el inminente peligro del estallido de una bomba atómica.

Fue entonces que se concibió una red secreta de búnkeres donde estarían a salvo sólo los funcionarios de gobierno y sus secretarias, pues ni siquiera las esposas tendrían cabida en estos refugios.

Este periodista e historiador estadounidense afirma que durante décadas el alto mando del país ordenó la construcción de varios complejos subterráneos, en sitios alejados, para ser utilizados en caso de un ataque nuclear ruso.

Graff cree que ante la imposibilidad de salvar a toda la población, el gobierno llegó a la conclusión de que lo más “inteligente” sería “protegerse a sí mismo”.

En este libro, a partir de documentos desclasificados y visitas a instalaciones reales, se describe el complejo militar de 650 acres llamado Raven Rock, en Pennsylvania. Su ubicación se sitúa a pocos kilómetros de Camp David, el tradicional retiro oficial de los presidentes de EEUU en las montañas de Maryland.

En sus inicios Raven Rock se concibió como una base militar alternativa al Pentágono, lo suficientemente profunda como para sobrevivir a un ataque enemigo. Su construcción comenzó en 1951 con un presupuesto inicial de 17 millones de dólares.

El sitio tiene 100.000 pies cuadrados de espacio de oficinas repartidas en cinco cavernas paralelas que pueden albergar -cada una- un edificio de tres plantas. Fue inaugurado en 1953 y tiene capacidad para 1.400 personas.

Se especula que existe un túnel secreto que lo conecta con el retiro presidencial, lo cual facilitaría la evacuación del presidente y su personal en caso de peligro.

Después de la caída de la Unión Soviética, algunos funcionarios creyeron que la instalación debía cerrarse. Sin embargo, durante su mandato, Obama permitió las visitas del público.

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