Timoteo es genial, enternece a los niños, ablanda a los adultos. Todos quieren una foto con el “gordito” simpático y bonachón, el “hombre de todos” que ahora atiende el paso de miles de personas sobre Avenida Juárez, en el Centro Histórico.

La gente mira con asombro cada una de las 15 esculturas elaboradas con bronce y acero inoxidable y echa a volar la imaginación con los títulos de las figuras.

Rodrigo, de 12 años, no quita la mirada de “El aviador” y confiesa que “moriría” por subirse con Timo al aeroplano de papel “porque sería como un sueño, porque obvio “nadie podría volar en un avión de ese material”.

El deseo de volar del autor de estas obras, Rodrigo de la Sierra, se repite con otra figura de Timo, que se triplica mientras se coge fuertemente de un gran globo; una vez más los críos fantasean con despegar los pies de la tierra asidos a la gran esfera de aire.

Fernanda quiere tocarlo, se sienta a un lado de Timo en la banca; a sus escasos tres años desconoce lo que es arte pero sabe apreciarlo, su madre le explica que la figura no se mueve, que no es un personaje de las películas animadas, pero que sí, enternece y abstrae.

“La vida es demasiado seria para tomarnos tan en serio” ha dicho el arquitecto Rodrigo de la Sierra, quien vive y trabaja en la Ciudad de México, donde nació el 18 de septiembre de 1971.

Desde el 15 de julio y hasta el 31 de agosto, la muestra del escultor autodidacta estará en la Alameda Central, después de recorrer diversas plazas públicas de países como Italia, China, Corea del Sur, Estados Unidos, España, Japón y México.

Aunque ha montado exposiciones en los museos de la Ciudad Santiago de Querétaro, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Nacional de Antropología de la Ciudad de México, de Arte Moderno del Estado de México, Júmex y el Soumaya, De la Sierra busca que sus obras sean accesibles para el transeúnte.

De acuerdo con la página rodrigodelasierra.com, el autor se refiere a Timo como el “hombre de todos”, un tipo de álter ego, un personaje con un aspecto aparentemente cómico y ligero, pero con un trasfondo más profundo y serio.

De la Sierra dio a luz a Timo a finales de 2006 con una pequeña escultura de madera del personaje recargándose sobre el mundo y que llevó como título “Alcanzando mi universo”.

Algunas esculturas de Timo hacen “Equilibrio” en una escalera, en otras juega al cojito sobre el mundo, inspirado en el Mundial de Futbol, pero en otras el tema es más serio, pues tratan sobre la consciencia del hombre, según subraya el sitio oficial del escultor que por momentos se torna surrealista.

Como sea y pese a toda apreciación, Timo tiene un efecto particular en los niños, quienes aprecian la parte simpática e infantil de las esculturas, en tanto que para los adultos representa a alguien que hace lo que ellos hubieran querido llevar a cabo cuando fueron pequeños.

Doña Luz, de 65 años, permanece de pie más de cinco minutos en cada figura; las observa con delicadeza pero con curiosidad, de arriba abajo, por delante, por detrás.

“Es como un niñote”, dice al fin la sexagenaria, quien reconoce que le hubiera gustado trepar una escalera o volar en un avión de papel, mostrar su fuerza deteniendo bloques, jugar con sus hermanos al globo, patear más balones…

Para chicos y grandes, Timo entre la gente es una exposición singular y divertida, de las que se agradece encontrar en las saturadas calles del centro capitalino, donde ya es raro sorprenderse pero donde las situaciones cotidianas y de la imaginación se mezclan cada día.

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